Partiendo de una canción de los canarios “Pumuky” , hablemos de romance.
Por un lado, León Theremin (Nacido como Lev Termen,15 de agosto de 1896 –3 de noviembre de 1993), inventor ruso apasionado por el mundo de la música y la electricidad quien, en los años 20, y en un intento por querer inventar un instrumento de similar registro al violoncelo pero eliminando ciertas barreras físicas como la necesidad de frotar un arco contra las cuerdas y de desplazar los dedos por el mástil, logró crear uno de los intrumentos mas extraños y peculiares que se conocen, el Eterófono o Theremin.
Por otro lado, Clara Rockmore (9 de Marzo de 1911 – 10 de Mayo 1998) , conocida como la primera virtuosa de la música electrónica, desde los 3 años demostró una capacidad inaudita para la música llegando a ingresar, con tan solo 5 años, en el conservatorio imperial de San Petesburgo, convirtiéndose así en la estudiante más joven jamás admitida.
Nuestra historia comienza en Nueva York el año 1921. Clara, tras realizar recitales de Violín y Piano junto a su hermana por numerosos países como Polonia, Lituania, Alemania y Francia , emigró junto a su familia a Estados Unidos, donde continuó sus estudios musicales.
Años mas tarde, con apenas 18 años, Clara se presentó en el Hotel Plaza acompañada por un profesor de química, el Dr. Vinogradov, amigo del célebre compositor ruso-estadounidense Joseph Schillinger (1895-1943). El objetivo de la visita a dicho establecimiento era la de conocer a un científico e inventor recientemente llegado de la lejana Unión Soviética, de nombre Lev Termen, que había desarrollado un instrumento musical mágico que se tocaba sin necesidad de ser tocado físicamente. La suite de Termen estaba atestada de invitados y periodistas que querían constatar las peculiaridades de tan insólito aparato, que el propio inventor ya había demostrado con gran éxito en una gira que le había llevado por varios países europeos. Clara había acudido a la presentación con la intención de distraerse, sin saber lo que se encontraría, no obstante, desde un primer momento quedó absolutamente intrigada por el aspecto externo del instrumento, por su calidad estética y al mismo tiempo fascinada por la personalidad arrolladora de su creador. Cuando Theremin muy cortésmente le ofreció a Clara probar el instrumento que lleva su nombre y la joven alzó los brazos para proceder a tocarlo, probablemente nadie, ni siquiera la propia intérprete, sabía que aquel simple gesto iba a cambiar su vida para siempre…
La sensación fue diferente a todo lo que se había experimentado con anterioridad. Cada mínimo gesto de sus brazos y dedos bien calibrados de violinista, así como una madurada sofisticación musical, le hacían adoptar una pose tan natural como caminar o respirar, mientras puntuaba el aire con su música. Aquella demostración impactó a todos los asistentes, dado que desde un principio Clara fue capaz de extraer del instrumento notas con gran precisión, algo que casi nadie podía hacer nada más ponerse delante del theremin, y menos de un modo instintivo.
Termen, impactado por la gran habilidad técnica de Clara Reisenberg, vio en ella la gran oportunidad de llevar al theremin a su máximo potencial como instrumento, al mismo nivel que cualquier otro instrumento tradicional. Clara se sentía muy halagada por los cumplidos del inventor, pero era una "violinista ocupada" con compromisos de concierto que cumplir con Nadia.
No obstante, un día, mientras ensayaba el Concierto Para Violín de Beethoven, experimentó un dolor terrible en su brazo derecho. Ese dolor desembocó en una persistente debilidad que comenzó a minar su energía y a mermar su técnica. Termen, sabedor de los problemas físicos de Clara se presentó en su apartamento de la calle 69 con un regalo, un RCA Theremin (un modelo fabricado en serie por la famosa firma estadounidense y del que se construyeron 500 unidades). Clara lo guardó y por hobby lo tocaba de vez en cuando. El violín era todavía capital en su vida.
Desgraciadamente el brazo de Clara no mejoraba y aunque realizó dos o tres intentos de retomar el violín, los médicos certificaron que tendría que abandonarlo definitivamente. Entre tanto había continuado probando el instrumento de control espacial, también llamado eterófono. Según pasaba el tiempo, Termen experimentaba un interés por Clara que iba más allá de la mera amistad. Siempre que había fiestas y celebraciones de la comunidad rusa de Nueva York, Clara estaba invitada. Un ejemplo de su atracción por ella lo encontramos el 3 de marzo de 1929, el día de su decimoctavo aniversario. Termen preparó para Clara un pastel rodeado por un campo electromagnético. Cuando ella se acercó, el pastel que se encontraba sobre una superficie mecánica rotó y la única vela que había en el centro se iluminó como por arte de magia. Lo que nació como una amistad y una pasión común por la música, se estaba transformando en amor a ojos de Termen y en fuerte amistad y cariño para Clara.
A menudo, tres o cuatro noches a la semana, iban juntos a los clubs nocturnos neoyorquinos, él con su smoking y ella con vestidos negros de fiesta, siguiendo a las bandas de los más importantes hoteles. Termen era un gran bailarín, y en muchas ocasiones ambos eran confundidos por profesionales, con los focos centrados en ellos mientras las otras parejas les rodeaban y aplaudían. Según la propia Clara "Él era guapo, ágil... bailamos y bailamos tanto que se enamoró profundamente de mí".
Por desgracia para Lev, los sentimientos de Clara eran parejos a los sonidos del instrumento, para él, impredecibles e imposibles de dominar, poseer...
Nacía así el romance mas eléctrico del mundo de la música, como dice la canción...”El eléctrico Romance de Lev Termen y la Diva del Éter”.
muy buena!!
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